Al auditor interno hablarle claro

Al médico, confesor y letrado, hablarles claro”… Así reza el refrán español, ya en desuso, (según indica el Instituto Cervantes) que todos hemos escuchado alguna vez en nuestras vidas. Pero yo añadiría algo a mayores (y así lo “modernizamos” un poco):

Al médico, confesor, auditor (interno) y letrado hablarles claro”… Y es que a veces parece que no se tiene clara la importancia de una auditoría interna…

Más allá de servir para cumplir con ciertos requisitos de los estándares, las auditorías internas son una manera de mejorar en la empresa y de involucrar a todo el personal en el sistema. Que no suene raro, el sentirse parte del sistema hace que el personal se sienta más responsable del mismo y que, poco a poco, sus valores, creencias y normas se alineen con lo que la empresa busca en seguridad alimentaria (¿os suena la cultura de la inocuidad?).

Una auditoría interna debería ser “super-completa”. Debería durar mucho más que una auditoría externa y ser mucho más intensa. Es por ello que muchos estándares insisten en realizar programaciones de auditorías internas a lo largo de un tiempo establecido abarcando todas las partes del sistema e insistiendo en aquellas donde la problemática sea mayor (y para esto hay que evaluar de manera “real” dónde podemos tener problemas). Es importante que todos los procedimientos funcionen según lo esperado, que los registros documenten las actividades establecidas y que el personal sea consciente de sus labores.

Una auditoría interna es exitosa cuando además de ver lo bien que lo hace una empresa (que eso nos gusta a todos), se pongan en evidencia esos problemillas o asuntos sin control efectivo, aquellos procedimientos que no funcionan del todo bien o de los que no pueden obtenerse evidencias claras de su buen funcionamiento. Además, ayuda a determinar las posibles necesidades del personal en cuanto a los conocimientos y actuación dentro del sistema.

 

Una auditoría interna debe ser imparcial, minuciosa, detallada y justa… Es por ello que en numerosas ocasiones las empresas optan por contratar a una persona ajena a misma para realizar la revisión de la actividad y cumplimiento de lo establecido. Y cuando llega esa persona: ¡Hay que ser sinceros! Es un error pensar que se trata de una especie de auditoría externa. Las auditorías internas sirven para evitar problemas en las externas, permitiendo solucionar las posibles desviaciones con tiempo suficiente para la misma; y para ello es necesario que los posibles problemas no se oculten.

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Como nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad”.- Cicerón
Celia Crespo
Consultora
Estandar, gestión alimentaria S.L.

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