Desafíos Abiertos: Reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos

El SECTOR ALIMENTARIO PRESENTE EN LA ECONOMÍA CIRCULAR

Hoy día la economía circular, fundamentada en el principio de las ‘3 R’ (reducir, reutilizar, reciclar) en toda la cadena de valor resulta ser una megatendencia mundial irreversible. Aun así, todavía hay que trabajar arduamente para intensificar la acción a escala de la Unión Europea (UE) y a nivel mundial, para cerrar completamente el círculo y para aprovechar la ventaja competitiva que aporta a las empresas de la UE.

El desperdicio de alimentos es uno de los diez indicadores principales del Circular Economy Monitoring Framework, que indica cómo se va avanzando en la transición desde «hacer-usar-disponer» hacia la circularidad, donde se minimiza la pérdida de recursos.

Las pérdidas de alimentos se definen como la disminución de la cantidad o calidad de los alimentos; en concreto, son los productos agrícolas o pesqueros destinados al consumo humano que finalmente no se consumen o que han sufrido una disminución en la calidad que se refleja en su valor nutricional, económico o inocuidad alimentaria. Una parte importante de las pérdidas de alimentos es desperdicio, es decir, son alimentos inicialmente destinados al consumo y que son desechados o utilizados de forma alternativa (no alimentaria) ya sea por elección o porque se haya dejado que se estropeen o caduquen por negligencia.

Estudios encargados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y para la Agricultura (FAO) calculan que cada año se pierden y desperdician alrededor de un 30 % de cereales; un 40–50 % de tubérculos, frutas y hortalizas; un 20 % de semillas oleaginosas, carne y productos lácteos; y un 35 % de pescado. Las pérdidas y los desperdicios de alimentos dependen en gran medida de las condiciones específicas y situación local de cada país o cultura.

En ese sentido, expertos revelan que las causas de desperdicio de alimentos en los países de ingresos medios y altos están principalmente relacionadas con el comportamiento del consumidor, las políticas y normativas existentes para tratar otras prioridades del sector. Las subvenciones agrícolas, por ejemplo, pueden provocar un excedente de cultivos agrícolas, del cual al menos una parte se perderá o desperdiciará; la aplicación de los estándares de calidad e inocuidad alimentaria puede hacer que alimentos que todavía son inocuos para el consumo humano se excluyan de la cadena de suministro. En lo que al consumidor respecta, planificar inadecuadamente las compras y no consumir los alimentos antes de su fecha de caducidad también conllevan un desperdicio de alimentos evitable.

Sobre este particular, organizaciones internacionales como el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), trabajan conjuntamente bajo la perspectiva de la Secretaría General de las Naciones Unidas para el punto es “cero desperdicio de alimentos y pérdidas poscosecha”, y mediante iniciativa de la FAO proponen lo siguiente:

Los actores implicados en las cadenas de suministro de alimentos –compañías e individuos, incluidos los consumidores– deben cambiar sus prácticas de gestión, tecnologías y comportamiento para reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos.

La acción pública es necesaria para apoyar las intervenciones de la cadena de suministro ya que por sí mismas no pueden reducir las pérdidas y los desperdicios de alimentos, pero son imprescindibles a la hora de facilitar acciones del sector privado en los siguientes campos:

  • creación de un entorno político e institucional favorables;
  • creación de un clima de inversión favorable;
  • sensibilización y promoción;
  • desarrollo de asociaciones y alianzas;
  • apoyo a los productos y procesos innovadores;
  • desarrollo de capacidades en la cadena de suministro y a nivel institucional.

Por su parte, La Comisión al Parlamento Europeo, resolvió el 04 de marzo de este año, publicar un informe sobre la aplicación del Plan de acción para la economía circular, en que el Primer Vicepresidente de la Comisión Europea Frans Timmermans, ha afirmado la prevención de residuos es clave en la construcción de una economía circular y una sociedad sostenible, para lo cual prevén desarrollar la primera metodología integral de medición de desperdicios de alimentos a lo largo de la cadena de producción y suministro de alimentos a nivel mundial apuntando a lograr la Meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible[1].

Para concluir, sin lugar a duda, “La Alimentación no tiene desperdicio” en el marco de una economía circular es una iniciativa que permite sensibilizar y concienciar sobre este problema y la necesidad de reducir el desperdicio alimentario.

Son múltiples los esfuerzos que se deben seguir realizando para evitar el desperdicio alimentario e impulsar mejores prácticas de colaboración con el fin de ir disminuyendo el problema. Por ello, “La alimentación no tiene desperdicio” quiere concienciar de la problemática que supone el desperdicio a nivel global.

 

Por: Cristhian Tavera

Especialista en Derecho Corporativo.

[1] https://ec.europa.eu/transparency/regdoc/rep/1/2019/ES/COM-2019-190-F1-ES-MAIN-PART-1.PDF

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